Vengan a nosotros Eva y su serpiente…

Reinterpretando el mito de Eva
 

Alfonso Caraballo

Adán y Eva pasean en el jardín del Edén. Un lugar ideal en el que tienen todos los que les hace falta para vivir. En el orden social que se les ha establecido existe la prohibición de comer de ciertos árboles. Además de la prohibición se les ha advertido que la desobediencia les acarrearía la más terrible de las consecuencias: la muerte.

Ese orden político, económico y social tenía vocación de eternidad pues fue establecido por el mismo Dios para el bienestar eterno de sus criaturas favoritas. Era inimaginable pensar que Adán y Eva desobedecerían al ser que había cuadrado tan bien las cosas para ello.


Pero sí ocurrió. El orden establecido por Dios, o en nombre de Dios, fue transgredido. Y, lo peor de todo, quien tomó la iniciativa fue la mujer, Eva.


Ella decidió arriesgarse. La serpiente, o el impulso que sienten los seres humanos de hacerse cargo de su propio mundo venció sus resistencias. El ofidio, más que al demonio, representa la inconformidad con el orden establecido, satanizada.


Para Eva era mejor correr el riesgo de morir que vivir fosilizada en un entramado de normas de sentido esquivo, estratosférico, ajeno a la crepitación de sus entrañas, fuera de sus gráciles filamentos.


El poder legislativo del Edén había decidido reservarse para sí la definición del bien y del mar, y su experiencia. La tentativa de los transgresores pretende asumir el papel de crear reglas propias, o por lo menos saber lo que pasa si las cosas se hacen de otro modo.





La duda sobre lo que se ha dado como bueno y válido, el deseo irresistible de conocer lo que hay detrás del telón de las prohibiciones son las verdaderas serpientes que mueven los resortes de la transgresión de las primeras criaturas bíblicas.


¿Pero por qué poner a Eva como la protagonista del primigenio desacato humano? ¿Acaso la biblia reconoce en la mujer el heroísmo de pensar por cuenta propia, desafiando las directrices dictadas por el supremo hacedor en persona?


La transgresión es una falta. Es la mayor falta. Y la iniciativa de Eva arroja sobre sus hombros la mayor cuota de culpa.


De modo que si el mito convierte a los humanos en seres en falta, la mujer, la primera en faltar, es la más culpable.


El Génesis fundamenta de esa manera el machismo y con el machismo una de sus manifestaciones más dramáticas, el feminicidio.


El feminicidio hunde sus raíces un texto santo, dictado por Dios y que no puede ser cuestionado, hasta que aparezca otra Eva que se haga eco de su serpiente interior e intente cuestionar el mito que desde la edad de bronce le ha asignado el papel de la mala de la película.

Comentarios